6 dic 2016

Una de acarreados...


¡Apúntame, apúntame!, gritó con desesperación un hombre, luego otro y hasta una mujer regordeta de unos 40 años a un sujeto de gorra y un sticker del PRI que sostenía un lápiz y una hoja de papel toda arrugada; ni el sudor por el calor de las tres de la tarde ni el hecho de ponerse una playera blanca con logotipo del DIF de una talla más chica, hicieron que apartara la vista de dicha lista.
   
¡Apúntame, cabrón, que si no me van a castigar!, gruñó ya desesperada y como ella, se apuntan en listas y se toman “selfies” cientos de personas (unas 800 aunque luego digan son 2 mil), lo mismo empleados de diferentes dependencias como estudiantes y organizaciones sociales a fines que pretendieron llenar playa Tamarindos para el Encuentro de Sabiduría y Meditación Guerrero por la Paz de Sri Sri Ravi Shankar, líder humanitario y embajador de la paz hindú.
      Con ello, el gobierno del estado mostró una vez más su capacidad para acarrear lo mismo desde el DIF de Taxco, de Zihuatanejo, del Injuve, de la Semujer, de Costa Chica, Costa Grande, de Chilpancingo, del Parque Papagayo, de donde se pueda.
      De pronto, el rugir de una bocina: un par de sujetos, luego otros, ponen a la gente a moverse, a convivir, a entretenerse mientras empieza el evento (los citaron a las tres aunque el evento sería hasta las 5).
      La presencia de los acarreados hace ruido, pero no convence; los acarreados son siempre un eco, nunca la voz.  
            A lo lejos se ven a los viejitos sentados en las gradas que terminan de hacerse pasita a pesar del agua que les dan.
      Los acarreados tienen clases: de primera, de segunda, y hasta de quinta y se les conoce por el camión en que los traen, por el lugar que ocupan en la playa o en las sillas cerca del escenario con el gobernador o su esposa o...
      Mientras tanto, y hablando de jerarquías, en la zona WNB (que no es VIP) lo mismo conviven funcionarios de medio pelo como activistas y gente “nice”.
            -“¿Y el guru ese, qué hace, de dónde mero es?”, pregunta uno por ahí…
            -¿Y tú qué haces por aquí?, pregunta el reportero.
      -“Yo soy de los Amigos de Fermín”.
      El reportero mejor calla.
      En medio de cantos que nadie, más que los organizadores y algunos entusiastas conocedores (por que sí los hubo) entiende, finalmente hace su aparición Sri Sri Ravi Shankar.

      Ataviado en túnica blanca, de tez oscura y barba emite un mensaje en voz de su traductora de apenas unos 20 minutos y que va de generalidad en generalidad: “ahora tenemos que buscar todos la paz, la paz dentro, la paz del mundo”, “la paz interna es la más importante para la paz externa”, “si una persona dentro de una familia no está feliz afecta a todos, si muchas familias no son felices afectan a toda la sociedad”.
            Y continúa: “hoy millones de personas en el mundo están sufriendo de insomnio, depresión ansiedad, tensión, violencia (…) No hemos entendido cómo ser felices.. (…) Mi corazón sufre por las víctimas de la violencia”. 
            Aplausos, los acarreados aún traen fuerza; sus exclamaciones en vez de admiración dan pena por cómo se manifiestan.
            Sri Sri, como lo llaman, habla de lo que su fundación hace en el mundo, en México, y del porqué la gente consume drogas; habla de la infelicidad, del mundo moderno y tras ello, insiste en que “cada uno de nosotros somos una fuente de alegría, de felicidad”.
      ¿Alguien pregunta por ahí si la falta de alimento, trabajo y estudio no tienen que ver con las causas de esa infelicidad? No.
      ¿Alguien cuestiona aunque sea de lejitos lo hecho por las autoridades para contrarrestar estas causas? Tampoco.
      ¿Alguien en verdad entenderá el mensaje de este señor y sabe sobre los Vedas? Ya, párale.

      Simplemente estamos bloqueados, dice Sri Sri, así que para qué cuestionar, no estamos ni hambrientos, ni pobres, ni…
      “La paz interna es lo más importante”, “no debemos seguir la violencia”, añade dejando tarea a los asistentes: horas a la semana de trabajo social y meditación, mucha meditación.
      Y los acarreados meditan y hasta se graban meditando.
      ¿Me apuntaste, verdad, cabrón? Pregunta aquella mujer que a jalones se quita la playera ya toda sudorosa y llena de arena luego de la meditación.

      Los acarreados entonces aplauden y emprenden la huida, satisfechos, contentos, en paz, no los vaya a dejar su camión.

(Texto publicado en el periódico El Sur en su edición del 6 de diciembre, 2016)  

16 abr 2014

Sinfónico cumpleaños


André Bretón en su manifiesto surrealista lamentaba la insoportable manía que domina los cerebros para equiparar lo desconocido con lo conocido, con lo clasificable, y tarde que temprano uno cae en la cuenta de que en este trabajo es precisamente lo que se termina haciendo.
No es entonces extraño que en mi primer borrador escribiera: “Poco antes de las 8 de la noche del sábado el anfiteatro de Sinfonía del Mar se llenó para cobijar a la Orquesta Filarmónica de Acapulco que, a falta de sede, se vio en la necesidad de actuar ahí para festejar 16 años de existencia; música de The Beatles y Queen, la ofrecida de la mano del quinteto Britania y los chicos del coro de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) y Esperanza Azteca”.
Mi única duda en principio sería la de cambiar “lleno” por un “hasta la madre”, y ofrecer una imagen más apegada a cómo se encontraba el lugar, pues ni en las escaleras se podía uno sentar. Los de las fritangas no sufrieron para hacer su agosto anticipado y acabar con la venta casi a la par del inicio del concierto que se retrasó un poco en espera de que al sol se lo tragara el Pacífico y los pocos policías se tronaban los dedos ante el tamaño de la multitud.
Otro de mis párrafos indicaba que: “Para darle continuidad a la serie de eventos tristes que derivaron en este concierto al aire libre, el maestro Eduardo Álvarez no ofreció su tradicional charla previa, y tras sólo unas palabras de bienvenida inició con unas “auto-Mañanitas” que el público acompañó cantando los coros”.
Aquí, en esta parte, es donde lo de Bretón porque cómo clasificar y explicar las cientos de voces que acallaron el murmullo del mar entonado una suerte de combinación de sonidos en una secuencia temporal y atendiendo a las leyes de la armonía, de la melodía y del ritmo, a la que comúnmente llamamos música. ¿Así nada más?
¿Dónde dejamos entonces la incertidumbre previa de quienes sabían que la Orquesta no tenía ni donde ensayar, dónde los mensajes de solidaridad en redes sociales llamando a dejar de lado otras actividades, otros eventos, para acudir a Sinfonía del Mar?
Porque después, esa incertidumbre se volvió ansiedad que no pudo contener Eleanor Rigby ni Michelle, de The Beatles, y que para cuando llegó Yesterday con
“All my troubles seemed so far away / Now it looks as though they’re here to stay” se volcó en más coros, nudos de garganta y hasta lágrimas pero ahora de varios de los propios músicos que apenas y el siguiente popurrí logró disimular con sus ritmos alegres como los de Yellow submarine, donde la gente participó con las palmas bajo la dirección de Álvarez.
Hasta entonces, la idea que paseaba en mi texto inicial era la de acentuar la aparente tristeza de esos momentos y más, cuando el líder del quinteto Britania, Marco Antonio Díaz Landa dijo al público: “Tienen que cuidar su orquesta, respetarla, apoyarla, quererla, porque realmente hacen un gran esfuerzo para presentarse de esta manera, una manera excelente… Pido un aplauso al orgullo de su estado: la Orquesta Filarmónica de Acapulco”.
Cerraría entonces el texto con alguna cita lastimera del propio Bretón y con seguridad, con alguna alusión a ciertos personajes para agradecerles su ausencia.
No obstante, fue el guitarrista del quintento quien con un loco paseíllo al anfiteatro encendió a la gente y nos recordó que era un cumpleaños, una celebración, una fiesta, y no había porqué desperdiciar el tiempo en tribulaciones (el tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan, dijo Salvador Dalí) por lo que así, una a una las canciones de Queen desfilaron gracias a la Orquesta, el quinteto Britania y ahora los coros de la UAG y de Esperanza Azteca.
A Kind of magic, I want it all con su “Blind faith, heartache” y Save me con el “The years belie, we lived the lie…”, lograron de entrada que la gente coreara los estribillos y encendiera sus celulares a manera de pequeñas lámparas al tiempo que la treintena de coristas daban muestra de sus dotes de bailarines con sus coreografías. Seguirían Flash, Somebody to love, Innuendo, We will rock you y tantas otras canciones que se me escaparon de entre mis apuntes ya que a la par de toda la multitud, me volqué a tararearlas y bailarlas hasta culminar con Radio Ga-ga en una sincronía de aplausos bastante aceptable mientras un dron nos vigilaba desde el cielo.
“We are the champions / We are the champions / No time for losers / ‘Cause we are the champions of the world…”, coreamos, más bien gritamos, en la cumbre del concierto, entre la cofradía de olores y movimientos elefantásticos; al unísono con las cientos de personas que en ese momento entre los nudos de garganta y las lágrimas sumaban más aplausos, más aplausos, más…
***
Redacto este nuevo borrador casi una hora después del concierto. Aún en el anfiteatro. Rodeado de decenas de personas que no se quieren ir todavía, mirando cómo la gente de la Orquesta intercambia miradas y sonrisas mientras guarda sus instrumentos. Pienso en acercarme a ellos pero olvido la idea. No se vaya a romper la magia.
De hecho, yo no sé nada de eso o del aura o energía pero aquí ocurrió algo, y eso me lo confirmó un emocionado Álvarez quien entre bromas y abrazos fue felicitado por todos los que se acercaron al rincón que es su improvisado camerino.
Ha sido un trabajo arduo el de empezar desde la nada, aceptó cansado luego de casi dos horas de concierto, y agregó que ahora luego de casi mil 250 presentaciones hay quienes solicitan trabajar con la Orquesta.
Mientras descansaba y sentía el alivio del aire desde el mar, recordó a gente como Plácido Domingo o José Carreras, incluso al guitarrista Alfonso Moreno, su primer solista invitado.
“Han sido muchas temporadas, muchos kilómetros, pero lo hacemos por cariño a un público del que esperamos nos siga que nos ayude y nos apoye con su asistencia mientras nosotros tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos…”, sintetizó.
–¿Qué le dice a toda esta gente que se volcó para ver a la filarmónica?, me atreví a preguntar
–“Que nos sigan, que disfruten de los conciertos, de estos y los que vienen; el mensaje de la Orquesta es el de paz, el de armonía, el de escuchar la música y estar tranquilo un rato y olvidarse de los problemas que en mucho aquejan no sólo a Guerrero sino a todo el país”, y aseveró mientras me sostenía la mirada: “y por supuesto, avisarles que seguiremos trabajando…”.
***
Agrego al texto que fue un 12 de abril de hace 16 años cuando la Orquesta Filarmónica de Acapulco ofreció su primer concierto, que por cierto fue en Atoyac; que Bretón fue el que dijo que “El mar, que para la mirada humana no es nunca tan bello como el cielo, no nos abandona”, y concluyo con un sentido: Feliz cumpleaños.

(Publicada en el periódico El Sur de Guerrero en abril 14, 2014)

21 feb 2014

Regreso a la zona, la zonaja, la red zone… (Apuntes gonzos de y para alcohólicos melancólicos)


1. La vida
Tengo la boca amarga y los labios despellejados. El único sonido que sube mi garganta es el susurro de las rolas de Nirvana de Kurt Cubain y su álbum del mismo nombre. El negro. Alguien a un lado me pide que guarde silencio, que ya es tarde, que quiere dormir. Mientras comienzo a teclear y trato de enfocar los ojos en la pantalla de la laptop, recuerdo que ese día a Julián apenas y lo que le subía era la resequedad de las consonantes duras: primero, vamos por una michelada, una cerveza. Urge.
Tres 30 de la madrugada de un día similar a muchos pero diferente. Por un rato, los únicos sucesos son las imágenes de días antes que se estrellan unas contra otras al ritmo de You know you’re right mientras la voz del ícono del periodismo gonzo, Hunter S. Tompson, me dice: no hay historia a menos que la hayas escrito.
Busco por ahí, en el pantalón que está en el piso. Encuentro. Inhalo…

2. Tarros de cerveza oscura antes del mediodía
Para el sol de la mañana no le fue difícil llegar al Centro Cultural. Tanto, que la primera frase que obtuve del escritor Julián Herbert a mi solicitud de entrevista fue, entre tambaleándose por el cansancio y la cruda, la de buscar un trago. Acepto, lo imaginé recitando aquella frase de Sir Walter Scott: “ten el corazón y la cerveza negra a la mano”.
Yo estaba en el cursillo aquel que Julián ofreció durante tres días acerca del relato posmoderno, pero mi principal asunto para el sábado era el de realizarle una entrevista no por su libro famoso, Canción de tumba, premiado en no recuerdo dónde y tampoco en dónde más, sino más bien por otra cosa: su visión de Acapulco a tantos años de distancia.
Nos acompañaban en la mesa y por casualidad, Toño Salinas, poeta; Alfonso Pérez, novel cuentista, y Miguel Benítez, abogado de profesión, cuando sirvieron los primeros tarros de oscura…
¿Cómo empezó todo? Muy fácil: resultó que Alfonso fue vecino de Julián de cuando eran niños, así que varios litros de cerveza después, entre anécdotas de la Zona Roja del Acapulco de los años 70 y 80, remembranzas de aventuras, reminiscencias de personas, alusiones de lugares, me di cuenta que la empresa era imposible; no se podía trabajar en cualquier artículo, y cuando Julián comentó que quería darse una vuelta por la Zonaja no tardamos en ponernos de acuerdo.
Entre la plática sugestiva recuerdo dos cosas: la anécdota sobre su padre, al que tenía años de no ver, y que cuando un día antes de encontrarse, muere de un infarto. Toño fue testigo de aquella llamada, según dijo, y no recuerdo bien si hasta lo acompañó a la funeraria donde se velaba el cadáver de Gilberto (Membreño) Herbert.
La otra, la presencia de una tal Lupita; chica linda, delgada y morena que a ambos, Julián y Alfonso, traía vueltos locos en el barrio de aquel entonces.
–Era hija de Doña Ricarda, a la que le faltaba un ojo, comentó Julián, quien agregó que la señora era quien lo cuidaba de morrito.
–Sí, es verdad, respondió al Alfonso, quien luego de tragar saliva reveló que se había casado con un malandro apodado El Diablo.
-Chula, chulísima, la chamaca, masculló Julián mientras hundía el rostro en el último trago de cerveza…

3. Cuatro sujetos en un vocho traqueteado
Algo decía Octavio Paz en su laberinto, o Derrida o Lacán o Kristeva, relativo a la existencia de una sexualidad infantil, la cual tiene como primer objeto a la madre. Sin embargo, pronto descubrirá el hijo la “incompletud” de la entidad materna, puesto que ella es también un “ser deseante” que, como tal, busca fuera de sí la satisfacción de una carencia… ¿El abandono?
Horas después sabría que fue Freud el que lo dijo, y que parte de ello hay en aquella novelita, Canción de tumba, que nació de unos diarios que Julián de por sí escribía antes incluso, de que estuviera en el lecho de muerte de su madre.
–Cuando me publicaron aquella autobiografía (Mamá leucemia, Letras Libres, septiembre de 2009, pero mucho antes publicada en otro lado) supe que ahí había una novela, afirmó Julián, mientras volábamos los cuatro en un vocho traqueteado rumbo a antigua zona roja, desde Costa Azul, por sobre una Costera que para no variar, estaba atascada de camiones, taxis, ruido y el olor a mierda tan característico del puerto.
–¿Cómo estamos de tiempo? preguntaba Julián a Toño, quien sin voltear a verlo, ya que él manejaba, simplemente le contestaba que teníamos el suficiente, que no se preocupara.
–Que cambiado está todo… Es la primera vez en estos días… En estos años que vengo de nuevo por…
Y viajamos con él. Y recorrimos ese tramo desde la infancia en un proceso que ahora a la distancia estaba encaminado a constituirnos como… Aún no sé cómo.

4. Una observación acerca de Canción de tumba
Difícilmente me puedo sustraer a lo obvio: la novela.
Julián suelta su historia y nos hace sospechar acerca de su veracidad: la azarosa vida de Guadalupe Chávez, prostituta y madre del narrador que, a lo largo del libro, se encamina hacia la muerte, víctima de la leucemia.
Ya mi amiga Blanca afirmaba que poco le creía a la leyenda urbana de que Julián Herbert, escritor brillante y reconocido, e hijo de una de tantas putas que trabajaron en La Huerta y en el Pepe Carioca hubiese vivido como dice la novela.
Yo por mi cuenta, nunca he creído en la honestidad de un escritor.

5. Calle Malpaso
No hace mucho vi al tal Chilinski, hermano de Alfonso y que aquel día, en la casa ubicada sobre la calle Malpaso, junto a lo que era La Huerta, recordó a Julián como el niño gordito de short y sin camisa que se daba vueltas por la casa para ver películas o llegar a comer.
Descamisado y en pantalón de mezclilla, Chilinski paseaba caguama en mano por las ruinas de glorias pasadas.
Él nos contó que el hermano mayor de Julián, Jorge, se la pasaba practicando su inglés mientras veía las películas en las novedosas videocaseteras de los 80. Ahora, Jorge tiene casi 20 años viviendo en Japón, está casado con una chica de allá y es un empresario exitoso.
Alguien preguntó sobre qué era necesario para salir adelante desde tan abajo… No hubo respuesta. A lo más, pedimos unas caguamas y salimos de aquella casa porque surgió la duda: ¿y si aún vive doña Ricarda? ¿Qué fue de la chulísima de Lupita?
Y corrimos. Yo detrás de Julián, quien a esas alturas estaba embotado con los recuerdos y las historias que le surgían a cada paso que daba sobre las calles de su infancia hasta llegar a una puerta negra.
Dos golpes a la puerta. Nadie abre. Una débil voz pregunta al fondo. Ninguno atinamos qué decir. Julián sólo grita y grita con lo poco que le queda de voz: ¡doña Ricarda!
Y cual película de horror, se abrió la puerta y desde el fondo, desde lo oscuro, una viejecita sin un ojo, agitada por el esfuerzo pregunta que qué se nos ofrece.
Julián, sorprendido por verla, le pide, le ruega, que lo reconozca: soy yo, doña Ricarda, Julián, el hijo de Maricela Acosta, hermano de Jorge, usted nos daba de comer y nos cuidaba de morritos y…
–¿Y hasta apenas vienes? ¿Y en ese estado? Yo no te enseñé esa cosas, muchacho…
–Doña Ricarda, dijo él antes de lanzarse para abrazarla…

6. Lupita
Estábamos sentados Alfonso y yo en la mesa de doña Ricarda, a quien Julián no dejaba de abrazar, y una hermana de ella. Miguel y Toño se habían quedado calle atrás cuidando el vocho y con su caguama cada uno.
Tú corrías por acá y por allá, le decía la señora. Ustedes dos hacían esto y lo otro, y eran amigos de estos y aquellos, pero lo que Julián, pensativo quería saber era otra cosa.
Alfonso dio cuenta de que a pesar de ser unos cuantos años distantes en edad, la cercanía de los puteros y la convivencia forzada de la gente que en aquellos años formaban familias, no los hacía tan diferentes.
Pero Julián ya no atendía la plática, los pocos minutos que estuvimos ahí los aprovecho para serenarse y decir:
–Doña Ricarda, sé que la Lupita se le casó, ¿qué ha sido de ella?
Todos volteamos a verla. Su rostro, como el de aquel que pierde el útimo camión rumbo a su casa.
–Pues que se me muere…
–Pero cómo…
Y la doñita, entre que aguantaba el llanto y trataba de respirar narró que casada con El Diablo vivió una vida de penurias y malos tratos que terminaron con ella hospitalizada por un mal golpe que finalmente la llevó a al tumba.
–Lupita, ay Lupita, Lupita… balbuceó Julián.

7. La vida
Termino de teclear. Termina el CD de Nirvana. Dejo las cosas en que Julián ha sentido el estremecimiento de las lágrimas cuando casi aparecen porque sí, como quien atestigua un milagro. ¿Ése quién lo explica? Sólo el arte.
Y parafraseo a la Mastretta porque me da la gana: como las noches con estrellas, como el puto tráfico de la Costera, como el hecho de que seamos capaces de vivir aquí, como el vértigo de cada enamoramiento, como la llegada de un zanate negro al asqueroso mar, como los dulces de tamarindo y las caguamas bien frías y las puestas de sol, como la pinche memoria, las lágrimas no piden explicación, se explican solas.

8. La vida
Si bien me han pedido que circunscribiera este texto a la noción del eterno retorno, no puedo dejar de pensar si ese concepto circular de la historia sea válido.
No niego la necesidad de que en algún momento de la vida uno tenga la necesidad de volver sobre los mismos pasos pero pienso, como Kundera, que es verdad que el hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores…
Escribo, que Julián, Alfonso, Toño, Miguel y yo, luego de comernos algún guisado en una fonda cercana, y ya instalados en una cantinita brindamos por lo que quedaba del día en medio de un silencio que fue roto por un sujeto al que le pedimos previamente que nos trajera un par de grapas de coca.
Turnos para entrar al baño (no señalaré a nadie en particular) y dejamos que la tristeza que aún quedaba se fuera por la taza.
Serían en ese entonces apenas las 4 de la tarde y quedaban pendientes algunas lecturas del encuentro de escritores al que lo invitaron así como la presentación oficial de la novela en Acapulco. Del mismo modo, una cena más íntima que terminó sin más en la playa y un buen pozole al día siguiente.
Lo último que supe de Julián fue a través de su twitter días después: “me fui de Acapulco feliz y triste y físicamente hecho pedazos; como lo marca el manual. Grandísimo encuentro. Besos y abrazos a tod@s”.

9. La vida
Presiono control “G” mientras recuerdo, yo también he llorado esta madrugada frente al abandono. Apago la laptop.

Publicada en el periódico El Sur de Guerrero en noviembre 6, 2013.

18 oct 2013

Maya...

Ella, vestida con un sobrio conjunto oscuro de dos piezas que le acentúa la figura, sonríe, espera con gusto al siguiente admirador seleccionado y le extiende los brazos como a un viejo amigo. Un flash, dos, tres, y se repite el protocolo con alguien más mientras uno, paciente, espera su turno para acercársele cuando la noche avanza en la primera jornada de la Feria Internacional del Libro de Acapulco.
   Con seguridad, escenas como éstas se repiten una y otra vez cada que la actriz mexicana Maya Zapata se para ante algún escenario. Y no es de extrañarse: un premio Ariel a mejor actuación, más de 30 películas en México y en el extranjero, series de televisión y lo más importante: unos ojos cafés tirándole a miel y un ángel que a más de uno nos pone nerviosos. Por eso la primera pregunta: ¿Por qué no nos aceptas en el Facebook?
   Risas. Se rompe el protocolo dentro del Salón Papagayo del Centro de Convenciones, pero ella responde veloz al tiempo que nos sujeta del brazo: “Ah, pues porque no lo uso (más risas) hace muchísimo tiempo que lo dejé y…”…Y le hacemos una señal de que es broma.
   Hace un guiño, hay más risas y agrega: “es que es verdad, no supe como para qué usarlo pero aprovecho la oportunidad para decirles que en serio, no lo uso…”. Las sonrisas son mutuas ante la vista de los pocos admiradores que quedan y los medios presentes.
   Pretendemos ponernos serios. Le recordamos una primera charla de hace tres años, cuando filmaba una serie de televisión para Canal Once: Soy tu fan. Después le preguntamos por el éxito de su siguiente serie: Kadabra, que se trasmitió por la señal de Fox para todo el mundo.
   “De televisión son esas dos, Soy tu fan y Kadabra, ahora estoy haciendo algo dedicado al teatro en Canal 22 como conductora; es la primera vez que lo hago y estoy  muy contenta”.
   Y se le nota. Se lo hacemos saber.
   “Estoy descubriendo esta nueva disciplina (el teatro) que es la madre de todos los espacios interpretativos y me encanta; este otro mundo me ha recibido con un grande y caluroso abrazo; en serio soy muy feliz”.
    No la contradecimos. Luego de escucharla recitar varios poemas de sor Juana Inés de la Cruz como parte del programa “Leo… luego existo” de Bellas Artes, de ver cómo de inmediato hizo click con el público que le aplaudió agradecido… 
   Un alto. Dejamos de lado la entrevista como tal y volvemos con la charla del año 2010, de cuando las peripecias para grabar tan solo un par de escenas para aquel programa de televisión en conocido bar de Acapulco y de lo tarde que se hicieron así como los motivos que quedarán “off the record”… Han pasado ya muchas cosas.
   “Precisamente en eso he estado pensando en estos días; antes sólo disfrutaba la parte linda y sufría por cosas muy bobas y ahora que tengo la vida muy complicada soy mucho más feliz; cada decisión que he tomado en mi vida ha sido para llegar hasta este lugar donde tengo más responsabilidades: produzco, actúo, conduzco…”.
   –¿Vendes mole los domingos?, preguntamos.
   Carcajadas, nos sacude del brazo pero no contesta. Con coquetería sólo atina a decir que “hago muchas cosas, de María algunas veces y hasta limpio…”.

Nos relajamos. Volvemos a la parte seria.
“La verdad es que tengo mi objetivo claro: hablar y decir las cosas que yo quiero como quiero decirlo y con la gente que quiero, y como lo estoy haciendo no puedo estar más agradecida”.
   Otro alto. De parte de los organizadores alguien viene para invitarla a formar parte de la ceremonia de inauguración dela feria del libro. Ella sin más acepta gustosa con una sonrisa y aprovechamos para preguntarle precisamente sobre el “Leo… luego existo”.
   “Leer es un sueño, una dicha, un viaje distinto cada vez aún y cuando lees el mismo libro, y por lo menos yo creo que la labor de un artista no es sólo estar frente a una cámara o arriba de un escenario, sino también compartir un poco de nuestros gustos, de nuestros placeras acerca de este tipo de actividades”.
   Maya aprovecha el momento para hablar un poco sobre la cultura  y entre otras cosas, indica que tenemos que seguir apoyándola porque asegura, “es la casa que nos cobija y además, hay que regresar lo que hemos recibido…”.
   –¿Crees en el artista con conciencia social?, le interrumpimos.
   – “Sí, completamente, pero es una elección personal y respeto a quien piense distinto; hay otro tipo de personas que queremos trabajar de otras formas con la sociedad y eso también es bonito”, nos dice cuando nos percatamos que es hora de terminar.
   No obstante, le preguntamos finalmente: ¿Como ves a Acapulco?
   “Con bastante buen humor (risas mientras nos mira), claro, de repente las noticias siempre de un lugar que fue azotado por alguna tormenta te llegan sólo de lo malo, pero cuando llegas tú al lugar no lo sientes tanto; no es que no haya pasado, es sólo que la actitud que tienen es como una actitud muy ligera y eso me gusta porque distingue a los mexicanos… ”. Y para cuando dice esto último, ya nos enfilamos a la salida del salón, rumbo a la ceremonia de inauguración de la feria.
   Y agrega: “estamos tan acostumbrados a la crisis y a sobreponernos a ella y eso me gusta mucho…” y nos separamos, ella a la fila donde los invitados de honor, nosotros donde la prensa no sin antes decirnos hasta pronto.


 
Entrevista originalmente publicada en el periódico El Sur, 17 de noviembre, 2013.

3 oct 2012

Tlatelolco


Los únicos que aprendieron algo de los hechos de Tlatelolco en 1968 fueron los poderes fácticos de este país, y ese algo fue: se puede matar a un puñado de estudiantes sin que se alebreste todo un país.
Tan es así, que ya en la década de los años setenta, las persecuciones contra líderes vueltos guerrilleros se extendió más rápido que el supuesto comunismo que profesaban, al tiempo que los medios de comunicación comenzaban su tarea “educadora” con las masas (Chabelo empezó ese año), mismas que ahora con el propósito de reunir los fragmentos de una vida que se quiere percibir a sí misma como única, necesitan crear un mito: el 68.
Miembros de una generación que nada ha vivido, los jóvenes de ahora tienen la necesidad de creer en algo para mantener las dudas y la desesperanza a raya y alcanzar la suficiente certeza como para vivir en paz. Y yo, enfermo y amargado como soy, no puedo estar más de acuerdo mientras leo sobre la “cuarentaytresavavez” (es adrede) que se marcha en el país en recuerdo de aquellos estudiantes en la plaza de Tlatelolco.
¿Pero eso es bueno, malo…?
No pretendo criticar los hechos del 68 en sí, ni a los involucrados directamente (mi padre, uno de ellos), y no quiero extenderme mucho (debo estar en cama lo más pronto posible) pero los jóvenes que ahora marchan, gritan y protestan están muy distantes de aquellos a los que pretenden emular.
¿Han leído La noche de Tlatelolco, de Poniatowska? (la nueva, la que ya no tiene los casi 50 errores según González de Alba) ¿El gran solitario de Palacio, de René Avilés Fabila? ¿Los días y los años, del mismo Luis González de Alba? ¿Días de guardar, de Carlos Monsiváis? o ¿Tiempo mexicano, de Carlos Fuentes?
            No, para nada. Y dudo que incluso, muchos jóvenes marchantes sepan leer adecuadamente o se comporten como aquellos del 68, muchos de ellos buenos estudiantes. 
         Y para muestra, un botón: según una encuesta realizada en la capital del país, los jóvenes actualmente se dan a entender con sólo 85 palabras en promedio.
       Horror.
 Al olvido entonces aquellos líderes que predicaban con el ejemplo, como el famoso Mosch, líder estudiantil de los noventa, quien obtuvo la más alta presea de la UNAM, la medalla Gabino Barreda, que se le da únicamente a quien obtuvo diez en su promedio de estudios y que rechazó…
            ¿Entonces, qué pasó?
Pues que siempre sí el dos de octubre sí se olvida.
O no se olvida.
O según nos convenga...
Habrá que esperar a que el halo que van dejando a su paso los del Yo soy #132 dé la talla y esa generación sí aprenda algo de Tlatelolco porque no es lo mismo protestar que marchar.


9 may 2012

Malucha...



Disculpa si te escribo estas palabras en lugar de tomar el teléfono y marcarte e improvisarlas. Me sé bastante incapaz de trasmitir lo que siento y pienso como debe ser.  Tal vez hubiera sido mejor un correo electrónico o un mensaje de texto, no sé, tal vez sólo el silencio -que es excelente para suprimir una emoción- pero me es imposible callar este día.
A la hora de llenar montones de hojas sueltas garabateando estos meros apuntes, he dado con algunas líneas que me han sacado varios gestos y despertado recuerdos de hace ya más de treinta y cinco años.
¿Treinta y cinco? Sí, pero los años no son más que años, la manera que nos inventamos para calcular el tiempo y llevar una cuenta, una que no nos dice más allá de por cuánto tiempo hemos respirado y que es mala a la hora de calcular una vida. 
Y es que la vida de una persona no se mide en segundos, ni en semanas, ni meses, ni años; es inútil medirla en términos cronológicos ya que está hecha de algo más profundo; cómo medir el dolor, el esfuerzo, las sonrisas… Cómo contar uno a uno los momentos de soledad, los minutos felices, lo que entregamos y recibimos... Cómo pensar que el tiempo, tan mortal, guarda las memorias de lo que no perece…
Algunos de los gestos a los que me refiero trajeron un recuerdo de la adolescencia con una presión tal que los detalles se recortaron estrepitosamente: una tarde, una discusión, una pelea… ¿Qué dijiste? ¿Qué te dije? No lo sé por el momento, tal vez todo comenzó con algún regaño duro propio de tu carácter, tal vez con algún insulto típico de mi constante rebeldía pero por ahora sólo veo cómo tú y yo al final nos fundimos en un abrazo largo y fuerte bañados en lágrimas después de descubrirnos madre e hijo...
Y no creas que he olvidado, pues no hay olvido del agua salada, pero desde entonces sí sé que todo lo que has hecho, lo que me has entregado, el amor que expresas en tus actos, la manera en que vives, tus sueños, tus miedos, tus desilusiones... cada paso recorrido y los que te faltan por recorrer, ha sido tu vida, y de esa manera la voy a celebrar siempre; no por una fecha en especial ni por los años que cumples, sino por lo que has hecho de tu existencia. 
            Ahora que repase las líneas que resultaron meros apuntes en montones de hojas sueltas, pienso en los centenares de textos sueltos y fragmentarios que no podré escribir para ser tan claro y preciso y poder darte las gracias por haber hecho de ti lo que eres y permitirnos disfrutarlo.

Besos y un abrazo.

23 feb 2012

Ser

La vida, el lactógeno, el chupón, la mamila china, los pañales de tela, el talco Similares, la tarjeta de bautizo, papel bond, plumas vick, agua de la llave, las papillas de plátano, la leche Liconsa, la diarrea, el Seguro Social, el caballito de madera, la pistola de plástico, la coca cola, la pepsi cola, las tortillas, el chile, la sal, la carne en los huesos, la piel amarilla, el sendero, la terracería, la lluvia, el lodo, el olor a mierda, los huaraches, el lápiz mordido, las libretas usadas, los libros viejos, el bate de beisbol, los amigos con dinero, los profesores culeros, las niñas bonitas, la pasta dental Colgate, el cepillo marca libre, la crema Nivea, el limón para el pelo, la camisa de primera comunión, el mercado de ropa usada, los choclos de hule, el barrio pobre, el perro con pulgas, los amigos con dinero, las niñas bonitas, el dealer de la esquina, las niñas bonitas, el perico de a tostón, los carrujos de mota, la noche de placer, la medallita de oro de Jesús Malverde, las frecuentaciones con las putas, los condones Sico, la penicilina Bayer, la clínica privada, la Cherokee del año, la escuadra Eagle Desert 9 mm., la cacha de marfil, el Cuerno de chivo, el Buchanans, el Chivas Regal, el cabrito, el caviar, la panza cuitera, la piel rosada, la avenida principal, el sol, el valle, las botas piteadas, el cinturón de avestruz, el sombrero norteño, la camisa a cuadros, los Levis oscuros, el fraccionamiento de lujo, el león en la puerta, los clientes ricos, las niñas bonitas, el libro de cuentas, los contadores con sumadoras, los abogados trajeados, los guaruras, los paquetes de coca, los embarques a Estados Unidos, las avionetas, las noches en ascuas, los cárteles contrarios, los soplones, las tijeras, el machete, el bate de béisbol, los operativos de la PGR, el Ejército, los balazos, los guaruras, los gritos, las niñas bonitas, las maletas con dólares, los contadores, los abogados, los soldados, los balazos, los gritos, la escuadra Eagle Desert 9 mm., la cacha de marfil, el Cuerno de chivo, los agujeros de bala, la camisa a cuadros, los Levis oscuros, el piso de asfalto, el charco de sangre, el olor a mierda, la muerte.

(Basado en Ser, de Luis Brito y en los ejercicios del taller de Gerardo Oviedo)

28 sept 2011

Séptima carta a los colosienses

NOTA: La Séptima carta a los colosienses es una de nueve que fueron encontradas en los papeles personales del autor mientras estuvo recluido en el psiquiátrico de Cholula antes de ser desahuciado.

Forzar la realidad. Falsearla. Ver lo extraño y el extrañamiento. Agarrar por las nalgas los dichos de las abuelas. Hablar mal de la familia, los amigos, los enemigos, las parejas y las ex parejas escudándose en el narrador omnisciente. Matar el aburrimiento, echar mierda contra Octavio Paz o contra Revueltas, sin que se den cuenta de que se está hablando de ellos (claro, están muertos). Muchas de ellas, excusas para escribir.            
Sin embargo, escribir no es fácil. Pero el resultado es estupendo. Lo he probado y saboreado.
           Recalco, no es fácil, pero lo he aprendido a hacer durante mi paso por cursos y talleres literarios, esos microcosmos del gran público lector (críticos incluidos), donde uno aprende eso, a ponerse a escribir y formar el carácter, si aún se está en edad de que esto suceda. Porque estos lugares enseñan el equilibrio entre humildad y seguridad en uno mismo antes de publicar y volverse “Alguien” en el mundillo de las letras.
En esos lugares me han dado las herramientas para revolver veinte palabras de sencilla pronunciación y ocho conectores de dócil manejo con saliva tibia. He aprendido a dejarlas a fuego lento mientras se lee (todos, copia en mano) algo de nuestro trabajo. A esparcir la dosis de admiración producida por ese algo, ya sea cuento, poema o ensayo, en el ambiente humedecido por una cómplice sonrisa juvenil y por la mala leche del más escéptico del grupo. He aprendido a mezclar todo con un número indeterminado de palabras frescas, sean frías o recién sacaditas de un diccionario. A aderezar la mezcla con experiencias personales, programas de televisión, olores de la calle o las voces de los compañeros. A aprender a echar al gusto unas cuantas burlas a los profesores y, si hay a la mano, un polvito de nostalgia.
Además, es duro decirlo pero es cierto, también se aprende lo que no: hay quienes no sirven para escribir literatura. Pero, aunque sean abogados, genios de la moda, arquitectos, mahometanos, universitarios de pésima ortografía y de gran elucubración, hay que darse cuenta de que la literatura sirve para todo, y hay que luchar contra la corriente para descubrir lo que todos andamos buscando: la magia de las palabras. La salvación.
Las palabras de “Rayuela” salvaron a una muchacha de diecinueve años del suicidio después de terminar con su novio, y un ama de casa neoyorquina desistió de cortarse las venas porque en lugar de agarrar el cuchillo se dejó caer de canto “En mi flor me he escondido”, el libro de Emily Dickinson. En mí, “El mito de Sísifo” de Albert Camus, tuvo el mismo efecto. Luego entonces, no importa entonces si son escritas o leídas pues, como diría Saramago, las palabras son piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa. Y digo yo, la lectura, amar la lectura, es catafixear horas-mierda por horas de una inexplicable pero deliciosa compañía. Esto es. La magia de las palabras. La salvación.
Ahora. Una vez que se cruzó la frontera lecto-escritora y se escribe porque se lee, porque se quiere parecer uno a Faulkner, Carver o Arreola, o porque se está enamorado de la capacidad de las palabras para decir la verdad, seamos honestos y digamos: escribimos sobre todo porque no sabemos escribir pero en un taller podemos aprender…
Taller de Eduardo Antonio Parra (México, D.F. 2011)

6 sept 2011

Segunda carta a los colosienses

NOTA: La Segunda carta a los colosienses es una de nueve que fueron encontradas en los papeles personales del autor mientras estuvo recluido en el psiquiátrico de Cholula antes de ser desahuciado.

Soy hablador, lo admito, pero cuando estoy nervioso no abro la boca, me quedo quieto, siento unos ridículos deseos de pasear por los pasillos, la sala, en chanclas y pijama, saltando de vez en vez a otros internos que, acostados en el piso, ven la televisión. Si bien el hospital es de categoría, y tiene grandes jardines y hasta un elevador (aunque yo no lo uso), no tiene suficientes butacas, sillones, sofás o poltronas para que veamos la televisión. Por eso, entrada la noche, me da por recorrer los mismos lugares y aprovechar el silencio, la calma, y que todos duermen para hacerme de la caja idiota para idiotizarme yo solo hasta dormirme, por lo que muchos de los empleados no me aman. No obstante, luego de haber arreglado esa situación con unos cuantos billetazos en las manos correctas, obtuve el permiso tácito de hacer lo que quiera a la hora que quiera.
Era pasada la media noche. Había cenado un gran filete con una garrafa de tinto. El canal, el Veintidós o el Once, no recuerdo. Era un grupo de escritores que conozco, que he leído, opinado mientras yo luchaba contra el peso de los párpados, cuando sonó un teléfono. Oí que alguien respondía. Una voz que me era familiar, cercana, que decía:
Algo hay de vulgar en la difusión pública de opiniones de los escritores sobre asuntos de los que no tienen un amplio conocimiento directo. Si hablan de lo que no conocen, o conocen apresuradamente, se trata del mero tráfico de opiniones… Sí, acá hay uno, por eso lo digo. Le da por pasearse en chanclas y pijama, y ve la televisión por las noches… En una de esas y hasta nos está oyendo…”.
Le bajé el volumen a la televisión. Escuché entonces un refunfuño confuso, como los míos: “no”, respondió la voz, “no sé quién es… Y digo, el problema con las opiniones es que nos quedamos con ellas. Y cuando los escritores se desempeñan como escritores y no como opinadores siempre ven... más. Haya lo que haya, siempre hay algo más. Ocurra lo que ocurra, algo más siempre está ocurriendo, también…”.
Colgó ruidosamente, oí pasos que se acercaban, me concentré en la caja idiota e ignoré los ruidos de una puerta que se abría y luego se cerraba. No podía quedarme todo quieto, así que volteé lentamente. Ante mí, una oscuridad y un silencio que sólo me permitió barajar algunas posibilidades: 1) Volver a mi cuarto y acostarme a dormir con el coraje. 2) Idem, con una variante. Esto es, acusando a la persona que de mí habló a mis espaldas. 3) Olvidar el asunto y seguir viendo televisión. 4)… la cuarta se esforzaba por formarse en mi cabeza cuando se escuchó de nuevo el mismo teléfono. La voz era muy baja, no entendía yo palabras. Paré la oreja y entonces distinguí algo: “los escritores serios, los creadores de literatura, no sólo deberían expresarse de modo distinto al discurso hegemónico de los medios de difusión. Deberían oponerse a la monótona cantinela de los noticiarios y de los programas de entrevistas…”. Luego, el final de la llamada y unos pasos que se acercaban. De inmediato le subí el volumen a la televisión, mi corazón se revolvió. Era imposible que me quedara ahí sentado. Me dije: ¿por qué diablos no corro?  Y sí, mejor corrí. Y corrí sin darme cuenta que había perdido una chancla. Y tropecé. Y desde el piso di la vuelta hacia la oscuridad y todo nervioso, con la boca cerrada y quieto, escuché la voz que sonó en toda la habitación: “la primera tarea de un escritor no es tener opiniones, sino decir la verdad y negarse a ser cómplice de mentiras e información errónea, y cuando desperté, sólo estática había en la televisión.
(Agradecimientos a Susan, Alejandro, Ítalo y Eugenio)


No: He estado ahí, he hecho aquello.
Sino: Por esto, contra esto.






9 ago 2011

La historia de Nadie

A Geryno

Entre los argumentos más comunes para descalificar el trabajo de Alguien, en el remoto mundo de las redacciones de los periódicos, está el de acusarlo de ser un don Nadie.
Por una simpática razón, aquellos que utilizan este recurso están siempre seguros de ser Alguien, aunque jamás atinan a explicar dónde radica la diferencia entre Nadie y Alguien.
Aproveché mi estancia en Puebla, el acceso otorgado por el INBA, INAH y Conaculta a la Biblioteca Palafoxiana, y el permiso de mi doctor para abandonar mi lecho de muerte, y buscarle una explicación a esta vieja paradoja en aquellos textos antiguos, encontrando que: “Hoc autem verum est in omni veritate affirmativa universali aut singulari, neccesaria aut contingente, et in denominatione tam intrinseca quam extrinseca”.
            Y leído esto, pues me quedé perplejo. Sería mucho más tarde, que supe lo que leí, palabras más o menos: “El hombre es el único que no sólo es tal como se concibe, sino tal como él se quiere y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de ese impulso hacia la existencia”, concluyendo, semanas más tarde, ya de regreso a mi cama debido a mis múltiples y recurrentes enfermedades, que el hombre no es otra cosa que lo que él se hace.
            Esto no es nuevo, los Alguien de las redacciones siempre lo han sabido y por eso, supongo, se nombran Alguien, determinado que, fuera de ellos, los demás son Nadie. Esto es, crean el Ninguneo, que es aceptado también por otros círculos periodísticos y hasta literarios (Pregunten a los del Bar del Puerto o al grupo literario de Gustavo Martínez Castellanos).
Pero surge un problema: Hay un Nadie que trabajaba como subdirector de un periódico que resultó ser Alguien, al menos para mí, pues sus conocimientos sentaron las bases de mi actual oficio de escritor y mis consiguientes logros.
O sea, ¿se puede ser Nadie para un grupo pero Alguien para otro y a la inversa: Se es Alguien en un círculo y Nadie fuera de él? Entonces, aquellos que lo acusaban de ser Nadie no son nadie para acusarlo, resolviendo con una falsedad la tautología. ¡Versos!
            Desde luego es un tema que amerita pensar y analizar. No obstante, sabemos que los Alguien no pueden relacionarse con los Nadie. Ellos son Alguien y someten su existencia a la máquina perfecta de la endogamia: Únicamente se cruzan entre ellos, mezclan sus ideas y sus pulsiones, se echan porras en mutua correspondencia mostrando así que nadie más que ellos son Alguien. 
            Y sin más, sin ese Alguien para mí, ahora convertido en Nadie, que escribía infumables columnas “En esta esquina”, y con la casi desaparición del Diario 17, los Nadie venidos a Alguien tienen el camino abierto para convertir a Novedades Acapulco en el peor periódico de Guerrero.
(Basado en La verdadera historia de nadie, de Juan Domingo Argüelles)

24 jun 2011

Lecturas tristes…II

Persiste la tristeza. Ni la mejoría en mi salud ni el contacto con los míos la aleja. Toño sigue sin aparecer. A más de dos semanas, las cosas no cambiaron mucho…
Leí un fragmento de Bretch en una carta de Javier Sicilia: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir”. ¿Conocerán estas líneas los directivos de Novedades? Ni una sola editorial de “En esta esquina”, que es la voz del periódico, ha sido dedicada a su jefe de información desaparecido. Sí, sí han publicado lo que ha salido en el día, pero parece que Toño López era un cualquiera y no parte del diario de la “familia guerrerense”.
Adriana Covarrubias es otro caso “especial”. Colaboradora de El Universal, presta y rápida envió su material sobre el socavón en la Costera. Sobre el caso de Toño he leído casi nada en ese diario de circulación nacional.
Lo mismo ocurre con corresponsales de Milenio, Cadena 3 y otros. Lo mismo, con quienes siguen sin sumarse a las manifestaciones organizadas por compañeros y amigos del periodista.
¿Guardar silencio, mantenerse al margen, no entorpecer las investigaciones, miedo? “El silencio no es protesta, es complicidad; es negarse al compromiso”.
            Por otro lado, una disculpa para quienes finalmente sí se sumaron al apoyo a Toño. Tienen todo el derecho de mandarme mucho a la fregada. Los otros, los mismos del siempre, los del bar del puerto, los del Vips de la Gran Plaza, los del Samborn’s del centro… Pobres idiotas.

***
         Sicilia lo dijo bien: “Les recuerdo la manera en que llegaron al poder y los compromisos que para lograrlo hicieron con facciones que a lo largo del tiempo se han ido corrompiendo y que sólo sirven a sus propios intereses…”. “… (Ustedes) son responsables de haber tratado el problema de la droga no como un asunto de salud pública, sino de seguridad nacional…”.
Calderón lo dijo bien: “Ha sido fundamentalmente la acción de los criminales, y no la del Estado, la que nos ha traído hasta aquí…”. “…Pasamos de un modelo de narcotráfico tradicional, que buscaba primordialmente llevar la droga a Estados Unidos, a un modelo de narcomenudeo en el que los delincuentes, además de llevar la droga al otro lado, buscan, también, colocar droga entre los jóvenes mexicanos.”.
           PERO NADIE DIJO sobre lo que nosotros como sociedad no hacemos: Los padres ya no educamos a nuestros hijos, los maestros ya no imparten clases y los medios de comunicación hacen lo imposible por robarle a la gente su juicio crítico.
            Así, a como van las cosas, la sociedad se encamina hacia la desconfianza, el deterioro de la credibilidad, la desesperanza, el miedo, dando al traste con lo expuesto por Humberto Eco en alguno de sus ensayos, no recuerdo cuál: Nada da más valor al miedo que el miedo de los demás… 

Por cierto, la foto de Sicilia y Calderón me da miedo...

10 jun 2011

Lecturas tristes I

Estoy triste. Me hubiera gustado empezar con algo así como: “Jesús lo dijo muy bien: Hago turismo hipocondríaco. Llegando a Puebla, y luego de casi 24 horas me quitaron la sonda del brazo. Las recomendaciones de siempre: cuide usted sus riñones y…”, pero mis males han pasado a segundo término.
He leído con tristeza dos cosas. La primera, sobre la desaparición forzada de un periodista: Toño López. A priori, parece un asunto del crimen organizado. Aquí a la distancia esperaba una reacción más efectiva de sus colegas. No la hubo. La mayoría, a la hora en que escribí esto, se encontraba bebiendo en el Bar del Puerto, en el Litri, o alguna otra cantina. Los más fresas, en algún café. Todos, platicando sobre si lo conocen o no. Todos, ignorando que cualquiera es susceptible al mismo evento.
La segunda cosa: Un tal Charlie Punketo escribió: Mi deseo para… Felipe Calderón Hinojosa, es que él, sus hijos, su esposa y todos sus familiares tengan una muerte violenta y terrible, como la que ha procurado a cientos de víctimas inocentes en su pinche guerra loca e idiota, que ha trastornado no sólo nuestras vidas, ahora hasta nuestros sueños.
En ambos casos, las actitudes no me sorprenden pero sí me entristecen.
Toño López fue mi compañero de trabajo por muchos años; realizamos algunos reportajes juntos y compartimos experiencias que a la fecha me han servido para esto que hago ahora. Saber que está desaparecido me hace sentir culpable. Adelante lo explicaré.
Al tal Charlie no lo conozco, pero es seguro que sus ideas están basadas en sus experiencias con su dealer o en pláticas de borrachos. A lo más, en la imagen de algún muertito por ahí. Eso sí, lo he visto. Su pinta dice: Soy distinto, pero su mente se empeña en lo contrario. Es igual a todos nosotros. Por ello también debería sentirse culpable.
Mucha gente se pregunta si va a parar este desmadre. La respuesta es: no. No por que Calderón no controla el consumo. Mientras Charlie y yo no dejemos de fumar mariguana o meternos un polvo a la nariz siempre habrá alguien que venda. Así de sencillo. Mientras los presuntos colegas de Toño se queden escondidos detrás de su cerveza o su café, siempre habrá impunidad.
Y me entristece.
Y me gustaría terminar diciendo que “ahora que voy al baño me asusta lo que vaya a pasar con mis riñones…”, pero me asusta más que gente como Pardo, Verdín, Trigo y damas que los acompañan, y que se dicen periodistas, sean más unidos cuando se trata de beber, drogarse o pedir “chayo”; me asusta que las televisoras y radio locales, Charlie y hasta el mismo Javier Sicilia, piensen que Calderón le apunta con una pistola a la gente para que se drogue, y me asusta aún mas que sean escuchados y aplaudidos; me asusta, que aunque he prometido no hacerlo, vuelva a consumir y sea culpable, tan culpable como los ya nombrados, de lo que le pase a Toño y mucha gente más.

OJO: Tú que me lees, es un hecho que sabes de alguien (o tú mismo) que se droga. Sabes, donde están las tienditas. Sabes, quiénes se dedican al narco. Luego entonces, tú también eres culpable. La ignorancia y el miedo no te eximen… 

24 may 2011

Acerca del destino


 Y Alejandro gritó: “¡vamos a enmendarle la plana al destino!”, con el aire de superioridad que sólo el alcohol puede dar. Acto seguido, se paró sin titubeos sobre la cornisa y se arrojó al vacío. Así. Sin más…
Ahora que estoy sobre la azotea de un edificio, soportando el aire y recordando aquellas líneas, aún me pregunto qué es el destino y presumo que éste aparece casi siempre entre nosotros para angustiarnos; aparece, como un poder sobrenatural que guía las vidas de cualquiera de forma necesaria y a menudo fatal, inevitable o ineludible.
Luego de que no se terminó el mundo este fin de semana, me río del influjo de las estrellas, los restos del café, los arcanos del Tarot, pero no olvido cuando una gitana me leyó las líneas de la mano precisamente en el DF hace ya muchos años. “Vivirás mucho, mucho pero…”. Y desde entonces nada más no veo la mía gracias a ese “Pero”.

* NI MODO. Aunque pocas veces me quejo de que parte de mis fracasos provienen del simple hecho de haber nacido pobre y en México, tengo que aceptar que esas circunstancias son decisivas. Las metas que me he impuesto se vuelven más lejanas y recorro un camino más empinado.
Sí, sé que se han visto mil escritores desdichados y sé que se ha dicho que su destino era fatal, pero aún no he entendido que el infortunio se prolonga en las almas débiles a las cuales la primera desdicha les quita el valor y la fuerza de prevenir la segunda. No obstante, y sin recurrir a Camus y “El mito de Sísifo”, aprendo que no hay destino que valga si uno no está dispuesto a probar una y otra vez, sus fuerzas. En vía de mientras y mientras asimilo lo anterior, sólo puedo repetir el mexicanísimo: “Ni modo” (que no es otra cosa que la derrota de la voluntad ante el destino…¡Polp!)

*11:11. El parecido y la coincidencia nos había convencido que habíamos nacido el uno para el otro. Números perfectos, lo supe recién. Por la mañana o por la noche, en un café o en la oficina, nuestras miradas se cruzaban exactamente a esa hora.
            “Él supo que ella era la chica cien por ciento perfecta para él, ella supo que él era el chico cien por ciento perfecto para ella”, dice Haruki Murakami en su cuento: Acerca de mi encuentro con la chica cien por ciento perfecta una bella mañana de abril. 
            Sin embargo, como en el cuento, “el fulgor en sus corazones brillaba muy débilmente y sus pensamientos no eran tan claros... Se cruzaron sin decir palabra y desaparecieron en la multitud, cada uno por su lado. Para siempre”. Las últimas frases que recuerdo son: Nos parecemos. Sólo lo necesario. ¿Y si nos parecemos más? Pues nos desaparecemos…

*ALEJANDRO. Alejandro no murió como narré que murió (y me hubiera gustado que fuera así porque me hubiera dado una lección). Pareciera que él se dio cuenta antes de los quince años de la inutilidad de tratar un destino inexorable que se ha predicho correctamente. Como en las tragedias griegas, en que el personaje principal o héroe se levanta contra los dioses o contra la sociedad incurriendo en un defecto de carácter o pasión, agarró un frasco de veneno y fue castigado con el fin habitual de toda tragedia: la muerte.
Y digo, pareciera porque cada que recuerdo a Alejandro, alias“Chupadedo”, no dejo de imaginarlo de mi edad, entre nosotros, conmigo, como agente de su propio destino, capaz de determinar su futuro y con el poder de elegir realmente cuando triunfa, cuando fracasa.

En fin, que no hay destino que no pueda elegirse cuando uno no está dispuesto a “quemar las naves”. Yo una vez no me atreví y pagué las consecuencias dando tumbos en una vida que no me gusta, y este frío de la chingada me hace ver por el momento un lado de la moneda: el hombre sólo puede escoger cómo se comportará cuando el destino llame a su puerta, con la esperanza de que tendrá el valor de abrirla cuando llegue...

18 may 2011

Una lástima...

Seguro les ha pasado. Yo nunca lo hubiera creído. Pero Ella, al enterarse, de inmediato tomó su cámara y empezó a seguirme. Ya tenía experiencia en casos extraños, paranormales y anormales. En una ocasión, una bandada de ángeles se dedicó a chingarle la madre. No pudo atrapar a ninguno, pero las evidencias ahí estaban: Polvo de ángel, plumas y el desmadre en que convirtió su vida.
            Y no soy vanidoso pues, “la vanidad es lo de hoy y ayuda a existir a quien, en esencia, no es nadie”, como me dijeron hace unos días. Sin embargo, desde el momento en que me pasó lo que me pasó he puesto más atención al detalle.  Y Ella me ayudó.
            -Este es como “mustio” -me dijo al ver la primera fotografía. -Este es como de “no sé nada”, este otro es como de “yo no fui”, este es más de “yo no quiero” y este otro es de “tarugo”…
            Ninguno era el que hacía falta y conforme pasaron las horas, me empecé a angustiar. Ella, con una serenidad ejemplar, me daba ánimos para continuar con mis cosas, mi rutina, mi vida.
            -Tengo miedo de perderlo… -le comenté con tristeza una mañana de domingo en que no me pudo acompañar.
            -Tú no te preocupes -me interrumpió. -Tarde que temprano ya aparecerá…
            Pero llegado el momento, sus palabras dejaron de tranquilizarme. Así que comencé a buscar. Primero en el baño. Lo más obvio. Después en el tocador de la recámara, en la puerta del closet y hasta en los vidrios de las ventanas. Nada. Habrían pasado unos cuantos días desde que desapareció y temía que también el de “amor extemporáneo”, que despertó en su momento la envidia de la gente, desapareciera.
            Fue al día siguiente, un lunes, cuando Ella y yo nos pusimos a trabajar en el asunto. Cámara en mano, de nuevo se dedicó a seguirme. ¡Click- Clic- Clic! Nada. ¡Click- Clic- Clic! Nada otra vez. Sin embargo, su perseverancia dio frutos: cuando comencé a rasurarme y voltear intempestivamente al espejo, casi casi lo conseguimos: Mi rostro, el verdadero, estaba ahí.
            Quizás la imagen no es muy buena, pero se puede apreciar que corresponde al rostro, mi rostro, que no tiene respuestas aprendidas, que no es fingido, que no es una máscara; es el rostro, mi rostro, que es real, que no está esculpido por las endorfinas ni tiene la mandíbula trabada por una sonrisa; es el rostro, mi rostro, tu rostro, de todos los que componen nuestra colección, que es auténtico. Y es una lástima que muchos lleguemos a perderlo y no lleguemos a conocerlo…