1 sept 2010

¿Intentamos arreglar el mundo o vivimos cómodamente manipulados?

Lo que escuché fue aberrante: si aquel sujeto enamorado no cambia de religión, ella lo deja. No importa si son novios desde hace ya años y se amen; el hecho de que ella estuviera meses pidiéndole que se casaran sin importar si son pobres y sin importar las creencias, ahora no vale nada si no es con la anuencia de su nueva fe y sus nuevos dogmas.
   ¿Qué hace que una persona cambie así tan de repente y ahora tenga una fe fanática, absurda a una religión?
   He buscado justificar este tipo de cambios entre las personas, pero no encuentro más que peroratas basadas en interpretaciones de dichos de personas instruidas por otras personas. No veo en ellas, más allá de una soledad y una falta de amor propio, una razón de peso ya no digamos para creer en dios, sino para ir más lejos y dejar que sea él quien controle (ya no que guíe) sus vidas.
   Un par de casos vienen a mi mente. Una prima que se volvió cristiana de un día para otro. Renunció a su trabajo de subgerente en un hotel de Acapulco regresando a la casa de sus papás en Puebla para convertirlos. Ni lo intentó. Actualmente es mamá soltera y anda de amante de un ingeniero, encargando a su hija con quien se pueda para poder darle vuelo a la hilacha.
   La hermana de una tía política, chica guapísima y de buena posición, un noviembre se convirtió (mormona o cristiana, no sé), un diciembre se casó con alguien de su iglesia y en enero se fue a vivir a los Estados Unidos. Adiós familia, amigos, trabajo. Buen trabajo. Hasta donde supe, vive desde hace años en una casa donde llegan los ilegales, casa en donde meten hasta veinte familias. Ella y me parece dos hijos, viven de lo que puede conseguir su esposo, un lava-coches.
   ¿Qué tal las chicas que andan de falda larga y cuyas creencias le permiten a su pastor acostarse con cualquiera que le agrade? ¿Qué clase de dios te dice: echa a perder tu vida porque eso es lo que quiero?
   Pero todo se resume en esto: independientemente a nuestras creencias religiosas, la ansiedad y la incertidumbre pueden provocar que seamos más idealistas y radicales.
   Y es que es un hecho que por los tiempos actuales que corren, las personas, seamos jóvenes o adultos, nos sintamos más vulnerables, más desesperanzados con las cosas que pasan y resulta dolorosísimo sabernos responsables de nuestras decisiones o de nuestros desatinos en cuanto a nuestras relaciones personales.
   En psicología existe el término “motivación de enfoque reactivo” (RAM), que es un estado emocional que hace que las personas se centren en los objetivos e ideales que promueven. En este estado, la gente se siente poderosa. Los pensamientos o sentimientos relacionados con otros temas pasan a un segundo plano. Y los humanos podemos, en ocasiones, adoptar un estado RAM basado en nuestros ideales y nuestra fe religiosa, para encontrar alivio a corto plazo a nuestra propia ansiedad.
   Esto es, la RAM puede reorientarnos hacia vías alternativas para la consecución de objetivos cuando encontramos algún obstáculo en nuestro camino.
   Y es ahí donde está la magia: muchas religiones, muchos “seudo-predicadores”, hacen pensar a la gente sobre sucesos en los que no pueden tener control alguno para incrementar radicalmente su fe en Dios, pero ojo: sólo si Dios es presentado como un ser controlador o dominante. De este modo, las personas pueden provocarse la “motivación de enfoque reactivo” necesaria para alejar el foco de su atención de los problemas que causan ansiedad y, como consecuencia, recuperar la serenidad.
   No estoy diciendo que no se crea en dios, pero si buscamos en las principales religiones, éstas son las mayores manipuladoras del mundo. Los hombres se las inventan (de forma consciente o inconsciente) para tranquilizar sus conciencias, aplacar temores o satisfacer ansias de poder.
      Entonces recuerdo a mi prima cuando le dije que la manipulaban. Respondió que no de forma altisonante y golpeándose en el pecho, para reafirmar que ella tenía criterio propio, y no admitió ingerencia alguna en la toma de decisiones respecto a su vida. “El secreto para una buena manipulación es hacer creer a la persona que en realidad se trata de una idea suya”, pensé.
   Normalmente las manipulaciones psicológicas son más fáciles de ver por una persona ajena y casi imposible su desaparición a menos que las evidencias resulten abrumadoras. Así que esperaré a que esta chica reaccione al ver a su aún ahora enamorado fuera de su vida y seguramente feliz por no haber cedido pues es un hecho (aun dentro de las religiones) que no dejas de ser tú para ser el otro. Eso no es amor.