23 feb. 2012

Ser

La vida, el lactógeno, el chupón, la mamila china, los pañales de tela, el talco Similares, la tarjeta de bautizo, papel bond, plumas vick, agua de la llave, las papillas de plátano, la leche Liconsa, la diarrea, el Seguro Social, el caballito de madera, la pistola de plástico, la coca cola, la pepsi cola, las tortillas, el chile, la sal, la carne en los huesos, la piel amarilla, el sendero, la terracería, la lluvia, el lodo, el olor a mierda, los huaraches, el lápiz mordido, las libretas usadas, los libros viejos, el bate de beisbol, los amigos con dinero, los profesores culeros, las niñas bonitas, la pasta dental Colgate, el cepillo marca libre, la crema Nivea, el limón para el pelo, la camisa de primera comunión, el mercado de ropa usada, los choclos de hule, el barrio pobre, el perro con pulgas, los amigos con dinero, las niñas bonitas, el dealer de la esquina, las niñas bonitas, el perico de a tostón, los carrujos de mota, la noche de placer, la medallita de oro de Jesús Malverde, las frecuentaciones con las putas, los condones Sico, la penicilina Bayer, la clínica privada, la Cherokee del año, la escuadra Eagle Desert 9 mm., la cacha de marfil, el Cuerno de chivo, el Buchanans, el Chivas Regal, el cabrito, el caviar, la panza cuitera, la piel rosada, la avenida principal, el sol, el valle, las botas piteadas, el cinturón de avestruz, el sombrero norteño, la camisa a cuadros, los Levis oscuros, el fraccionamiento de lujo, el león en la puerta, los clientes ricos, las niñas bonitas, el libro de cuentas, los contadores con sumadoras, los abogados trajeados, los guaruras, los paquetes de coca, los embarques a Estados Unidos, las avionetas, las noches en ascuas, los cárteles contrarios, los soplones, las tijeras, el machete, el bate de béisbol, los operativos de la PGR, el Ejército, los balazos, los guaruras, los gritos, las niñas bonitas, las maletas con dólares, los contadores, los abogados, los soldados, los balazos, los gritos, la escuadra Eagle Desert 9 mm., la cacha de marfil, el Cuerno de chivo, los agujeros de bala, la camisa a cuadros, los Levis oscuros, el piso de asfalto, el charco de sangre, el olor a mierda, la muerte.

(Basado en Ser, de Luis Brito y en los ejercicios del taller de Gerardo Oviedo)

15 feb. 2012

El arte del auriga



Kilómetro 0
Una nueva vida. Lo digo y me lo repito en serio. Y me preparo y salgo a trotar a la playa: Seis rigurosos kilómetros a las seis de la mañana, aún en total oscuridad y a tres años de cumplir los cuarenta. Varios kilos después del último intento, por primera vez de nuevo.
A los pocos metros la arena lastima mis pies descalzos y el aire frío me quema al entrar a los pulmones. La memoria de los huesos me recuerda que antes de que recorra un kilómetro completo podría morir, entre el dolor y fastidio, de cualquier cosa aquí, en la playa, pretendiendo ser quien nunca fui y lamentando no hacerlo con estilo, como por ejemplo, entre las piernas de una puta o baleado en una cantina.

Kilómetro 1
Recorro el primer tramo. El cuerpo se cuadra. “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”. Y pasa frente a mí una mujer en bikini. (Sí, puesto que la oscuridad comienza a disiparse). Viene escuchando música en un Ipad. Está gorda. Y de algún modo obsceno, atractiva. No es posible endurecer de golpe los músculos del vientre. El pene sí. Y éste roza con los muslos con cada zancada dentro del short. Así por un kilómetro más.

Kilómetro 2
“El cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad”. Tengo que aceptarlo. Mis padres hicieron lo que pudieron por dotarme de uno más o menos funcional. Y yo queriendo averiguar su resistencia me dediqué desde muy joven a destruirlo con alcohol y drogas; internet y botana de cantinas, sexo pagado y mano amiga…

Kilómetro 3
El sol sale y me pega de frente. En la cara.
En mi recuerdo Ella es hermosa, en la vida real ha de haber envejecido. Ojeras malva y barro en el tacón, dice Sabina. Desnudos pero extraños. Ella, con sus manos cortas, se lanzó, sacó mi pene y me vació sin piedad con la boca. Duró pocos minutos, la culpa fue mía… Es una sensación dolorosa la de que las emociones físicas terminan de inmediato, a pesar de que uno piensa en ellas todo el tiempo…

Kilómetro 4
Supe que dejé de ser joven hace unos días gracias a Ella. Otra Ella. Una aspirante a escritora. Tiene 20 años. Yo, los que tengo. La conocí, como suelen describir ciertas novelas de principios del nuevo siglo, en un salón de clases en una ciudad fea y amarilla de este país, a media distancia entre discusiones sobre la nueva poesía y la música de Kurt Cobain y Alejandro Saenz.
Morena y de pelo corto. Alta. Delgada. Mordisqueando coquetamente sus lentes, me dijo que no le gustaba escribir poesía porque le era un asunto muy personal. Que prefería el cuento.
Más tarde entendí que me tenía tomada la medida: Llegó, saludó, platicó un poco y cuando notó que pretendía yo decir algo de más, se fugó. Así, siguió dando la vuelta, contoneándose dentro de aquel salón mientras aprendía de poesía de quienes sí saben de eso…
La dejé en paz a pesar de que mi cuerpo se inflamaba y dolía como cuando un vulgar piquete de mosco en la playa...
El sol ya en lo alto.                                                                                

Kilómetro 5
Cinco kilómetros. No llego a los seis. Me detengo. El aire vuelve a quemar mi cuerpo. Tiemblo y pienso: Necesito unas gafas oscuras, un short más amplio y un Ipad como el de la gorda. No es saludable correr entre recuerdos sin algo a qué asirse para escapar…