14 sept. 2010

El Síndrome de Estocolmo y el Bicentenario

*Síndrome de Estocolmo.- Estado psicológico en el que la víctima, o persona que lo sufre, desarrolla una relación de complicidad con la persona que lo produce.


Hace unos días, en una mesa de borrachos, escritores y filósofos borrachos para ser exactos, nadie habló del Bicentenario. Por el contrario, la línea narrativa de fondo era “¿cuándo valdrá madres este pinche país?”.
     Y es que las sobremesas giran alrededor de la decadencia de la política mexicana y la violencia generada por “la guerra del narco” pese a que el gobierno mexicano y los medios de comunicación están empecinados en festejar esos 100 y 200 años de nuestras guerras civiles. Pareciera que ese espíritu inflamado del que hablan sólo existiera en las cortinillas de las televisoras; que fuera parte de esa artificialidad que nos imponen: “seamos felices y seamos México, mexicanos”, sin importar que millones de pesos sean derrochados en una celebración falaz, vacía y pobre.
     Y digo que sin importar, porque como sea, este 15 de septiembre (¿porqué el 15, si fue el 16?) millones gritarán “Viva México” y otros millones completarán “hijos de su pinche madre” en un intento de reafirmarse como… ¿Cómo qué? ¿Cómo perros amaestrados?
     En ocasiones, las víctimas del Síndrome de Estocolmo pueden acabar ayudando o justificando a sus agresores, bien como nexo consciente y voluntario por parte de la víctima para obtener cierto dominio de la situación o algunos beneficios de sus agresores, o bien como un mecanismo inconsciente que ayuda a la persona a negar y no sentir la amenaza de la situación o la agresión de los mismos. ¿De eso sufrimos los mexicanos? ¿Vitorear al gobierno de Calderón, de Zeferino o de Añorve luego de las patadas que dan?
     Hay muchos mexicanos que sienten una especie de gratitud consciente hacia estos personajes y hasta asumen, inconscientemente, una notable identificación en las actitudes, comportamientos o modos de pensar de ellos, casi como si fueran suyos. ¿Saludar al PRI que nos lavó el cerebro por más de 70 años y abrir los brazos nuevamente? ¿Sonreír a los mochos del PAN, o los bipolares del PRD?
     Además, para que se pueda desarrollar el Síndrome de Estocolmo los expertos del tema aseguran que es necesario que el afectado no se sienta agredido, violentado ni maltratado. ¿Gracias Televisa, gracias Tv Azteca?

     Dice el escritor Heriberto Yepez respecto al grito:
     …El g/rito tiene tres funciones: simular festejo; descargar sufrimiento y darnos seguridad elogiando un estado de no-cambio cultural.
     …Observado dentro de su ciclo mítico, el grito es una etapa de traba, en que la identidad histórica (cambiante) mexicana es un obstáculo para obtener libertad.
     …El mexicano se ha identificado con la traba. Para aminorar el dolor, la convierte en orgullo. “México” como escudo de fijeza.
     El agrega que somos una cultura sin voluntad masiva de actualización. Yo digo, somos una masa sin cultura a la que le da güeva la actualización. Por lo tanto, a pesar del disgusto que causa la fijeza arriba mencionada, la inercia identitaria alaba al ego. Para mantener esa identidad anacrónica fantaseamos que podemos permanecer los mismos. “En México nada va a cambiar”, queja y, a la vez, alivio, deseo. ¿Viva México?
     Ayer volví a la cantina. Otras miradas, otros mundos. Negar nuestras decadencias personales sería otro signo de debilidad, de ceguera. Sobrio, me percaté de que la lucha contra la autoaniquilación es atroz: basta ver la larga hilera de fracasos a nuestro alrededor para dar fe. En cierto momento de nuestra existencia, la libramos o caemos. Al final, si este país se está cayendo a pedazos es porque cada vida pareciera que se derrumba, que vivimos en el filo de la navaja.
    En fin, que los escritores, por suerte, relataremos los hechos (deberemos de), mientras libramos la misma batalla vital.
   Eso sí, la mentira no debería perdonarse: “Orgullo que se comparte / De México a todas partes / El alma vuela y revuela / En la gran celebración”. Pinche Aleks Syntek y la pretenciosa fusión musical que intentó. Contagiado por la propaganda celebratoria, su champurrado sabe amargo, pero ese efecto no tiene doblez: refleja nuestro complicado presente colectivo.

Ya nomás por jorobar:

     Porfirio Díaz, anticipó los festejos diez años y entre sus obras conmemorativas están: el Hemiciclo a Juárez, la Alameda Central, el Ángel de la Independencia y la Universidad Nacional de México.
     Se masificaron los baños y los lavaderos públicos, las bibliotecas, las calzadas y caminos, las obras de drenaje y saneamiento, escuelas, hospitales, telégrafos y teléfonos, mercados, parques, teatros, quioscos.    
     Por primera vez se comunicaron a todas las regiones del país a través del ferrocarril y la industria se desarrolló en áreas antes inexploradas como la agricultura encaminada a la exportación.
    ¿Sr. Calderón, sr. Torreblanca, sr. Añorve, cuál es su aportación a estos festejos? ¿Obras conmemorativas inconclusas y carítsimas? ¿Una economía dependiente del intercambio con un solo socio, una industria petrolera a la baja, pérdida de captación de capital extranjero y dependencia a las remesas? ¿Cuál grito de independencia si hasta para comer dependemos de otros para importar maíz?
     Hubo una diferencia esencial entre la conmemoración centenaria de 1910 y la que celebramos en estas fechas. Que la de don Porfirio Díaz fue de tal magnitud que ocultó rebien la inconfirmidad existente, mientras que la actual no alcanza siquiera para eso. Pero no me hagan, caso, ustedes celebren, beban que después de todo la fiesta ya la pagaron nuestros impuestos….

  
Sobre los festejos del Centenario, el general Porfirio Díaz dijo: "El primer Centenario debe denotar el mayor avance del país con la realización de obras de positiva utilidad pública".


1 sept. 2010

¿Intentamos arreglar el mundo o vivimos cómodamente manipulados?

Lo que escuché fue aberrante: si aquel sujeto enamorado no cambia de religión, ella lo deja. No importa si son novios desde hace ya años y se amen; el hecho de que ella estuviera meses pidiéndole que se casaran sin importar si son pobres y sin importar las creencias, ahora no vale nada si no es con la anuencia de su nueva fe y sus nuevos dogmas.
   ¿Qué hace que una persona cambie así tan de repente y ahora tenga una fe fanática, absurda a una religión?
   He buscado justificar este tipo de cambios entre las personas, pero no encuentro más que peroratas basadas en interpretaciones de dichos de personas instruidas por otras personas. No veo en ellas, más allá de una soledad y una falta de amor propio, una razón de peso ya no digamos para creer en dios, sino para ir más lejos y dejar que sea él quien controle (ya no que guíe) sus vidas.
   Un par de casos vienen a mi mente. Una prima que se volvió cristiana de un día para otro. Renunció a su trabajo de subgerente en un hotel de Acapulco regresando a la casa de sus papás en Puebla para convertirlos. Ni lo intentó. Actualmente es mamá soltera y anda de amante de un ingeniero, encargando a su hija con quien se pueda para poder darle vuelo a la hilacha.
   La hermana de una tía política, chica guapísima y de buena posición, un noviembre se convirtió (mormona o cristiana, no sé), un diciembre se casó con alguien de su iglesia y en enero se fue a vivir a los Estados Unidos. Adiós familia, amigos, trabajo. Buen trabajo. Hasta donde supe, vive desde hace años en una casa donde llegan los ilegales, casa en donde meten hasta veinte familias. Ella y me parece dos hijos, viven de lo que puede conseguir su esposo, un lava-coches.
   ¿Qué tal las chicas que andan de falda larga y cuyas creencias le permiten a su pastor acostarse con cualquiera que le agrade? ¿Qué clase de dios te dice: echa a perder tu vida porque eso es lo que quiero?
   Pero todo se resume en esto: independientemente a nuestras creencias religiosas, la ansiedad y la incertidumbre pueden provocar que seamos más idealistas y radicales.
   Y es que es un hecho que por los tiempos actuales que corren, las personas, seamos jóvenes o adultos, nos sintamos más vulnerables, más desesperanzados con las cosas que pasan y resulta dolorosísimo sabernos responsables de nuestras decisiones o de nuestros desatinos en cuanto a nuestras relaciones personales.
   En psicología existe el término “motivación de enfoque reactivo” (RAM), que es un estado emocional que hace que las personas se centren en los objetivos e ideales que promueven. En este estado, la gente se siente poderosa. Los pensamientos o sentimientos relacionados con otros temas pasan a un segundo plano. Y los humanos podemos, en ocasiones, adoptar un estado RAM basado en nuestros ideales y nuestra fe religiosa, para encontrar alivio a corto plazo a nuestra propia ansiedad.
   Esto es, la RAM puede reorientarnos hacia vías alternativas para la consecución de objetivos cuando encontramos algún obstáculo en nuestro camino.
   Y es ahí donde está la magia: muchas religiones, muchos “seudo-predicadores”, hacen pensar a la gente sobre sucesos en los que no pueden tener control alguno para incrementar radicalmente su fe en Dios, pero ojo: sólo si Dios es presentado como un ser controlador o dominante. De este modo, las personas pueden provocarse la “motivación de enfoque reactivo” necesaria para alejar el foco de su atención de los problemas que causan ansiedad y, como consecuencia, recuperar la serenidad.
   No estoy diciendo que no se crea en dios, pero si buscamos en las principales religiones, éstas son las mayores manipuladoras del mundo. Los hombres se las inventan (de forma consciente o inconsciente) para tranquilizar sus conciencias, aplacar temores o satisfacer ansias de poder.
      Entonces recuerdo a mi prima cuando le dije que la manipulaban. Respondió que no de forma altisonante y golpeándose en el pecho, para reafirmar que ella tenía criterio propio, y no admitió ingerencia alguna en la toma de decisiones respecto a su vida. “El secreto para una buena manipulación es hacer creer a la persona que en realidad se trata de una idea suya”, pensé.
   Normalmente las manipulaciones psicológicas son más fáciles de ver por una persona ajena y casi imposible su desaparición a menos que las evidencias resulten abrumadoras. Así que esperaré a que esta chica reaccione al ver a su aún ahora enamorado fuera de su vida y seguramente feliz por no haber cedido pues es un hecho (aun dentro de las religiones) que no dejas de ser tú para ser el otro. Eso no es amor.