6 sept. 2011

Segunda carta a los colosienses

NOTA: La Segunda carta a los colosienses es una de nueve que fueron encontradas en los papeles personales del autor mientras estuvo recluido en el psiquiátrico de Cholula antes de ser desahuciado.

Soy hablador, lo admito, pero cuando estoy nervioso no abro la boca, me quedo quieto, siento unos ridículos deseos de pasear por los pasillos, la sala, en chanclas y pijama, saltando de vez en vez a otros internos que, acostados en el piso, ven la televisión. Si bien el hospital es de categoría, y tiene grandes jardines y hasta un elevador (aunque yo no lo uso), no tiene suficientes butacas, sillones, sofás o poltronas para que veamos la televisión. Por eso, entrada la noche, me da por recorrer los mismos lugares y aprovechar el silencio, la calma, y que todos duermen para hacerme de la caja idiota para idiotizarme yo solo hasta dormirme, por lo que muchos de los empleados no me aman. No obstante, luego de haber arreglado esa situación con unos cuantos billetazos en las manos correctas, obtuve el permiso tácito de hacer lo que quiera a la hora que quiera.
Era pasada la media noche. Había cenado un gran filete con una garrafa de tinto. El canal, el Veintidós o el Once, no recuerdo. Era un grupo de escritores que conozco, que he leído, opinado mientras yo luchaba contra el peso de los párpados, cuando sonó un teléfono. Oí que alguien respondía. Una voz que me era familiar, cercana, que decía:
Algo hay de vulgar en la difusión pública de opiniones de los escritores sobre asuntos de los que no tienen un amplio conocimiento directo. Si hablan de lo que no conocen, o conocen apresuradamente, se trata del mero tráfico de opiniones… Sí, acá hay uno, por eso lo digo. Le da por pasearse en chanclas y pijama, y ve la televisión por las noches… En una de esas y hasta nos está oyendo…”.
Le bajé el volumen a la televisión. Escuché entonces un refunfuño confuso, como los míos: “no”, respondió la voz, “no sé quién es… Y digo, el problema con las opiniones es que nos quedamos con ellas. Y cuando los escritores se desempeñan como escritores y no como opinadores siempre ven... más. Haya lo que haya, siempre hay algo más. Ocurra lo que ocurra, algo más siempre está ocurriendo, también…”.
Colgó ruidosamente, oí pasos que se acercaban, me concentré en la caja idiota e ignoré los ruidos de una puerta que se abría y luego se cerraba. No podía quedarme todo quieto, así que volteé lentamente. Ante mí, una oscuridad y un silencio que sólo me permitió barajar algunas posibilidades: 1) Volver a mi cuarto y acostarme a dormir con el coraje. 2) Idem, con una variante. Esto es, acusando a la persona que de mí habló a mis espaldas. 3) Olvidar el asunto y seguir viendo televisión. 4)… la cuarta se esforzaba por formarse en mi cabeza cuando se escuchó de nuevo el mismo teléfono. La voz era muy baja, no entendía yo palabras. Paré la oreja y entonces distinguí algo: “los escritores serios, los creadores de literatura, no sólo deberían expresarse de modo distinto al discurso hegemónico de los medios de difusión. Deberían oponerse a la monótona cantinela de los noticiarios y de los programas de entrevistas…”. Luego, el final de la llamada y unos pasos que se acercaban. De inmediato le subí el volumen a la televisión, mi corazón se revolvió. Era imposible que me quedara ahí sentado. Me dije: ¿por qué diablos no corro?  Y sí, mejor corrí. Y corrí sin darme cuenta que había perdido una chancla. Y tropecé. Y desde el piso di la vuelta hacia la oscuridad y todo nervioso, con la boca cerrada y quieto, escuché la voz que sonó en toda la habitación: “la primera tarea de un escritor no es tener opiniones, sino decir la verdad y negarse a ser cómplice de mentiras e información errónea, y cuando desperté, sólo estática había en la televisión.
(Agradecimientos a Susan, Alejandro, Ítalo y Eugenio)


No: He estado ahí, he hecho aquello.
Sino: Por esto, contra esto.






2 comentarios:

Anónimo dijo...

Está usted re-enfermo, maestro!!! jajaja...

Saludos
Chris

Anónimo dijo...

jajajjaja si es verdad, en algunas ocasiones no entiendo sus escritos, al principio me preocupaba, pero con este reafirme que es una locura leerlo.

saludos
Soñadora